La estructura base que suele funcionar mejor
Para la mayoría basta con unas pocas categorías bien elegidas: vivienda, suministros, supermercado, transporte, salud, suscripciones, ocio y ahorro. El objetivo no es catalogarlo todo con precisión contable, sino entender dónde se va el mes y qué se puede ajustar.
Separar fijo y variable es especialmente útil porque evita mezclar gastos inevitables con decisiones que sí puedes mover. Sin esa distinción, el presupuesto se vuelve confuso y acaba pareciendo que “todo está igual de cerrado”.
Fijo: alquiler o hipoteca, suministros, seguros, transporte base y pagos recurrentes.
Variable: comida fuera, ocio, compras, delivery, extras de movilidad y gasto social.
Ahorro y metas: una categoría visible desde el principio, no lo que quede al final.
